Publicado 21 de agosto de 2026 en Estilos de Vida por soporte
Hay noches en las que buscar el lado frío de la almohada se convierte casi en deporte. Cuando la temperatura permanece alta incluso después de que cae el sol, conciliar el sueño puede resultar más difícil y es más probable que el calor provoque incomodidad o despertares.
La temperatura forma parte del entorno que influye sobre el sueño. Investigaciones sobre el ambiente térmico muestran que la exposición al calor puede aumentar los periodos de vigilia y alterar diferentes etapas del sueño, mientras que organismos como el NHLBI recomiendan mantener el dormitorio fresco, tranquilo y oscuro.
Entonces, si vives en una ciudad cálida o llegó una temporada especialmente calurosa, el objetivo no es pelear toda la noche contra el clima. Es hacer que el dormitorio acumule menos calor y que la cama también ayude.
Para dormir cómodamente, el cuerpo necesita gestionar y liberar calor. Cuando la temperatura del ambiente permanece elevada, ese proceso puede hacerse más difícil.
Estudios realizados en entornos domésticos han encontrado asociaciones entre temperaturas nocturnas más altas y una peor calidad del sueño, especialmente en poblaciones vulnerables.
Además, el microclima de la cama también cuenta. Una habitación puede sentirse aceptable, pero si el colchón, las sábanas, el pijama y las cobijas acumulan calor y humedad alrededor del cuerpo, la sensación cambia cuando llevas varias horas acostado.
Si el sol entra directamente durante varias horas, cerrar cortinas o persianas en los momentos de mayor radiación puede ayudar a que paredes, muebles y textiles absorban menos calor.
Cuando la temperatura exterior empiece a bajar, abre ventanas para favorecer la renovación del aire, siempre que las condiciones de seguridad y humedad lo permitan
Un ventilador puede mejorar la sensación térmica al mover el aire alrededor del cuerpo, mientras que el aire acondicionado permite controlar directamente la temperatura de la habitación.
Si utilizas ventilador y tienes ventanas en puntos diferentes, puedes probar la ventilación cruzada para facilitar la salida del aire caliente.
Una manta gruesa que funciona perfectamente en Bogotá puede convertirse en una pequeña sauna textil en una noche calurosa de la costa.
Utiliza solo las capas que realmente necesitas y prioriza textiles ligeros y transpirables. Así es más fácil liberar el calor que se acumula entre el cuerpo y la cama.
La misma lógica funciona con el pijama. Prendas holgadas y ligeras permiten una sensación menos cargada que tejidos muy densos o varias capas superpuestas.
En épocas calurosas es importante reponer los líquidos perdidos durante la jornada. Sin embargo, beber grandes cantidades justo antes de acostarte puede hacer que tengas que levantarte varias veces al baño.
La idea es distribuir la hidratación durante el día, no dejarla toda para los últimos cinco minutos antes de dormir.
Los hábitos nocturnos también cuentan. El CDC y el NHLBI recomiendan evitar comidas abundantes y alcohol cerca de la hora de dormir como parte de una rutina que favorezca un sueño de mejor calidad.
Si todas las noches la sensación de calor aparece justo después de llevar un rato acostado, vale la pena observar el colchón y los accesorios.
La ventilación interna, las telas y la capacidad de los materiales para gestionar el calor pueden cambiar considerablemente la sensación alrededor del cuerpo.
Más que fijarte únicamente en si es firme o confortable, revisa características asociadas con la circulación de aire y la sensación térmica.
Los sistemas de resortes dejan espacios dentro de la estructura que favorecen el movimiento del aire. También existen telas y tecnologías específicas desarrolladas para aportar una sensación más fresca.
En El Dorado, por ejemplo, la línea Coolmax Power incorpora tela Cooler, la cual es una tecnología orientada a reducir la sensación de temperatura y aportar frescura, junto con el sistema de amortiguación Sieben Tech.
La elección debe seguir considerando firmeza y soporte. Dormir fresco sirve de poco si la superficie no te resulta cómoda.
La cabeza y el cuello también pueden acumular calor durante la noche. Por eso, si cambias el colchón pero conservas una almohada demasiado caliente para ti, puede seguir existiendo incomodidad.
Nuestro portafolio incluye categorías de almohadas de sensación fría y referencias como Ice Zone, además de textiles orientados a complementar el entorno de descanso.
La clave está en mirar la cama como un sistema: colchón, almohada, protector, sábanas y cobijas trabajan juntos.
Antes de acostarte, revisa:
No necesitas cambiar todo en una noche. Empieza por los elementos que más calor generan en tu habitación.
No existe una cifra que resulte idéntica para todas las personas. Como principio general, las recomendaciones de higiene del sueño favorecen un dormitorio fresco y confortable, evitando ambientes excesivamente cálidos.
Puede ayudar a aumentar el movimiento del aire y mejorar la sensación térmica. Ajusta la velocidad y dirección para que resulte cómoda y procura mantener limpio el equipo para evitar acumulación de polvo.
Sí, la construcción y los materiales pueden influir en el microclima que se forma alrededor del cuerpo. Por eso conviene revisar ventilación, telas y capas de confort además de la firmeza.
Reduce la entrada de calor durante el día, ventila cuando la temperatura exterior baje, utiliza ventiladores, disminuye las capas de ropa de cama y elige textiles ligeros.
Dormir en un clima caluroso no depende de un único truco. El verdadero cambio aparece cuando ajustas varios elementos pequeños: ventilación, textiles, hábitos y superficie de descanso.
Si aun con una habitación ventilada tu cama sigue acumulando demasiado calor, revisa las tecnologías de tus colchones, almohadas y ropa de cama. En El Dorado encuentras alternativas diseñadas para hacer que ese momento de buscar “el lado fresco” sea mucho más rápido.


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